Joaquín sueña con triunfar en la música desde los 7 años. Hoy en día, tiene 84 canciones propias, varios videos en You Tube y una guitarra que encierra miles de viajes y anécdotas.
Joaquín Terán, de 24 años, es argentino, toca la guitarra y el ukelele, y en toda reunión siempre procura que su voz sea la protagonista del lugar. Por su pasión, la música, dejó atrás grandes oportunidades deportivas, se distanció de sus amigos, y tuvo que aprender un nuevo estilo de vida.
Su familia, hoy en día, lo apoya en todas las decisiones, pero no siempre contó con tanto soporte. Joaquín es de clase media alta, donde este tipo de “locuras” no son aceptadas con tanta facilidad. Tuvo que pelear para poder convencer a todos que la música era realmente su pasión.
Al cumplir los 19 años, tomó la decisión que cambió su vida para siempre. Tomó 3 trabajos simultáneos: de repartidor para un restaurante de comida china, como bachero en una parrilla, y barriendo en un almacén; lo único que importaba era reunir la plata para poder viajar a Hawaii.
Cuando llegó al estado norteamericano buscó trabajo por todos los bares del lugar. Mientras que los dueños de estos locales pedían por cocineros o mozos, él solo quería cantar.
“Un día llegue a una playa y me senté a la sombra de un árbol a tocar. Durante los siguientes seis meses canté bajo la sombra de ése mismo árbol, todos los días de 2 a 6 de la tarde. Era una forma de ganar unos mangos… y con eso me alcanzaba para vivir“, cuenta Joaquín con la frente alta y una sonrisa. “Un día mi amigo agarró su cámara y me dijo que hiciéramos un video. Salió bastante bueno. Él me ayudó mucho porque yo de tecnología un cazo un fulbo”, relata Joaquín mientras trata de mostrarlo en el explorador de su computadora, sin éxito alguno.
Un día, mientras volvía a su casa desde la playa, una señora se le acercó y le dio su tarjeta, le dijo que ella representaba músicos y que estaba interesada en él. “Cuando mi compañero de cuarto vio la tarjeta me preguntó de dónde la había robado. No entendía nada”. La misteriosa mujer era Dina Eastwood, esposa de Clint Eastwood, uno de los más famosos directores de cine en Hollywood.
Gracias a este contacto, Joaquín Terán viajó a Los Ángeles, donde Dina no solo le presentó varios productores sino que, además, lo llevó a conocer a su marido durante una filmación en los Estudios Warner, donde vio desde el backstage a Leonardo Di Caprio en plena filmación.
Uno de los productores que Joaquín visitó lo citó en un Bar. “El tipo este me dijo que si quería que me contraten tenía que tocar en ese lugar, sea como sea. Entré decidido a hablarle a la primera persona que viera. Esa persona fue Jason Mraz. Me senté a tomar algo con él y dos minas. Intercambiamos celulares. Estaba viviendo un sueño”, comenta Joaquín mientras mira para arriba, como si le agradeciera a alguien todo lo que resultó de su “locura” por ser músico.
Hace poco, Joaquín tuvo que regresar al país por un tema legal con su visa, pero sigue en contacto con todos los conocidos que pudo hacer en Los Ángeles. “El miércoles es el día clave. Pero no te puedo contar nada, es “quemarla”. Aunque te digo que puede ser el día más importante de mi vida”, dice Joaquín, cerrando la boca para aguantarse las ganas de gritar lo que seguramente será el principio de su sueño cumplido.
Fermín, hermano de Joaquín, comenta cómo se siente con respecto al cambio que su hermano hizo en su vida: “Cuando nos dijo que quería cantar creo que fui la única persona de todo su entorno que lo bancó. Igualmente creo que, aunque ganó mucho, también perdió. A mí también me encanta cantar, pero no creo ser lo suficientemente fuerte como para perder a mi grupo de amigos y dejar mi futuro librado al azar como lo hizo Joaquín. Por eso, es importante ver como se la jugó por lo que ama, y si él se animó, no queda más que apoyarlo. ”
Joaquín tuvo que optar por una vida y lo hizo. El asegura no se arrepentirse de eso, a pesar de la incertidumbre constante que genera la profesión de músico acerca de lo que puede pasar en el futuro. Él tiene bien en claro que “un día te prometen el cielo, y al otro volviste a caer”, dicho esto, Joaquín Terán asegura tener una segunda opción para su vida: “si no sale nada y no triunfo, no me importa… terminaré tocando en la playa enfrente al amar y seré feliz. Porque esto es lo que yo amo”.
Cómo lo vi:
Cuando pregunté por él, no supe como ubicarlo. Sus ex compañeros de colegio habían perdido contacto y todas las llamadas a su supuesto celular siempre terminaban en el contestador. La guía telefónica me facilitó llegar a Joaquín. Fue él quien me atendió. Ameno, me invitó a su hogar, que comparte con su familia, para que lo entreviste. Esta representaba claramente su estilo de vida. La casa ordenada y muy prolija y su cuarto lleno de partituras y una guitarra en el medio de la cama. Durante toda la entrevista estuvo entusiasmado mientras relataba sus tantas anécdotas. Pero el momento que más feliz se lo vio fue mientras cantaba. Allí su sonrisa se transformó y se vio al auténtico Joaquín.

Hola, Felipe: qué intriga saber cómo termina la historia. Desde la introducción, se presenta al personaje y se invita a seguir leyendo. ¡Bien por eso! Luego, hay información que omitís y das por supuesto, lo cual desorienta al lector (presentás a un “amigo” que nadie conocía. Por el relato parece que Joaquín viajó solo). Si bien el texto es muy ágil, el perfil se reduce a la historia que él te cuenta, sería interesante que trasladaras tus impresiones al relato, que puedas volcar todo eso que viste. Si no, se convierte en un discurso unilateral, sin la “traducción” de quien escribe. Falta revisar la ortografía (con una segunda leída lo solucionás) y anclar en la actualidad (el vínculo con lo actual es parte de la consigna para elegir al personaje). Tu trabajo está aprobado. Saludos.